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RESILIENCIA: OTRA MANERA DE ENTENDER LA RECONSTRUCCIÓN

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lunes, 05 de julio de 2010

Muchas respuestas iniciales de estrés, tristeza, duelo o ansiedad de niños, niñas y adultos son respuestas normales frente a una situación anormal. Es decir, frente a situaciones de crisis, es completamente esperable que aparezcan reacciones y emociones, que aunque nos parezcan incómodas, funcionan como señales para que las personas volvamos a reajustarnos emocional y mentalmente.

Las personas que tendrán mejores posibilidades de superar las dificultades psicológicas después de un desastre, como el que nos afectó en febrero, son aquellas que tienen una mayor cantidad de factores protectores y menos factores de riesgo, tanto individuales como sociales. La capacidad especial para enfrentar, resistir o salir fortalecido de situaciones difíciles se denomina resiliencia.

La resiliencia puede ser definida como la capacidad que tienen niños, niñas y adultos para sobreponerse a un acontecimiento traumático e integrar estas experiencias adversas en su desarrollo psicológico, biológico y social para seguir adelante.

Esta capacidad amortigua el impacto negativo de los eventos estresantes y traumáticos y se desarrolla cuando los factores de protección son mayores que las desventajas o los factores de riesgo en la vida de las personas.

Hace un tiempo, el psiquiatra y etólogo (de etología ciencia que estudia las características distintivas de un grupo determinado, humano o animal, y cómo éstas evolucionan para la supervivencia del mismo) francés Boris Cyrulnik, quien nos visitó días después de ocurrido el terremoto y tsunami, señaló que los elementos claves en el proceso de construcción de resiliencia en situaciones de crisis para las personas son la acción, solidaridad y la búsqueda de sentido a lo ocurrido.

Las características centrales de cada uno de ellos son las siguientes:

Acción: se relaciona con retomar el curso de la vida y resolver los problemas que presenta la realidad, manteniendo una actitud proactiva. De este modo se asume o toma el control de la propia vida.

Solidaridad: se manifiesta de múltiples formas dependiendo de las características de los acontecimientos y las personas. Involucra compartir, entregar, comprender y empatizar con las personas.

Sentido: se refiere a la toma de conciencia de las causas y consecuencias de los acontecimientos, logrando dar un significado a la experiencia de crisis o trauma que permita decantar aprendizajes desde y a través del sufrimiento.

Al contrario, los factores que dificultan la resiliencia son el aislamiento, la falta de sentido o dificultades en comprender lo ocurrido, la vergüenza, y la violencia, los que determinan que las personas se retraigan, se aíslen y no pidan ayuda.

En este contexto, si pensamos en un proceso de reconstrucción psicológica y social, además de tomarse en consideración la resiliencia personal, un aspecto esencial es buscar la reconstrucción de redes de solidaridad en la comunidad.

Algunos autores han mencionado que la resiliencia no se reduce a un fenómeno intrasíquico, si no que “se teje”, idea que está a la base del concepto de resiliencia comunitaria que en términos generales describe la capacidad de las comunidades para superar crisis y catástrofes, identificándose como sus pilares la autestima colectiva, la identidad cultural, la honestidad, la solidaridad y el liderazgo comunitario.

Es decir, la experiencia de desastre que hemos sufrido como comunidad, puede generar un efecto movilizador de las capacidades de afrontamiento de niños, niñas y de los adultos cuidadores que permite reparar el daño y seguir adelante.

Para quienes debemos velar por proteger a niños y niñas, y promover su bienestar emocional, es imperativo no olvidar que trabajar en torno a la resiliencia, es decir, sobre sus capacidades de afrontamiento, es posible y absolutamente necesario.

 
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